Cada día la tierra es asediada por radiaciones ionizantes, ondas de alta energía que pueden arrancar electrones átomos en el cuerpo. La alta exposición a la radiación ionizante puede provocar enfermedades por radiación y cáncer.

Afortunadamente, la magnetosfera y la atmósfera de nuestro planeta evitan casi toda la radiación producida por el sol y los rayos cósmicos galácticos de estrellas en explosión – de llegar a la vida en la superficie de la tierra. Pero además de la Estación Espacial Internacional (ISS), que aún está protegida por el magnetosfera pero no la atmósfera, los astronautas están expuestos a concentraciones más altas de radiación ionizante, lo que aumenta el riesgo de desarrollar cáncer a lo largo de su carrera.

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