Ahora estamos en la cúspide de otra era de agitación. El efectivo está a punto de desaparecer y las tecnologías digitales que lo reemplazan podrían cambiar la naturaleza y las capacidades del dinero. El dinero del banco central sirve hoy como unidad de cuenta, medio de cambio y depósito de valor al mismo tiempo. Pero las tecnologías digitales podrían hacer que estas funciones se separen a medida que ciertas formas de dinero digital privado, incluidas algunas criptomonedas, ganen terreno. Este cambio podría debilitar el predominio del dinero del banco central y desencadenar otra ola de competencia cambiaria que podría tener consecuencias duraderas para muchos países, particularmente aquellos con economías más pequeñas.

En las sociedades antiguas, objetos como conchas, perlas y piedras servían como dinero. El primer papel moneda apareció en China en el siglo VII en forma de certificados de depósito emitidos por comerciantes respetados que respaldaban el valor de los billetes con acciones de materias primas o metales preciosos. En el siglo XIII, Kublai Khan introdujo el primer papel moneda sin respaldo del mundo. Las letras de su reino tenían valor simplemente porque Kublai decretó que cualquier persona en su dominio tenía que aceptarlas como pago bajo pena de muerte.

Los sucesores de Kublai fueron menos disciplinados que él en el control de la emisión de papel moneda. Los gobiernos posteriores en China y en otros lugares sucumbieron a la tentación de imprimir dinero sin piedad para financiar el gasto público. Tal arrogancia generalmente conduce a brotes o incluso a hiperinflación, lo que en realidad equivale a una caída abrupta en la cantidad de bienes y servicios que se pueden comprar con una determinada cantidad de dinero. Este principio también es relevante en los tiempos modernos. Hoy, la confianza en un banco central asegura la aceptación generalizada de sus billetes, pero esa confianza debe mantenerse a través de políticas gubernamentales disciplinadas.

Cronología de la historia del dinero, parte 2

COLECCIONES DIGITALES DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK; DOMINIO PUBLICO; JEAN-MICHEL MOULLEC DE VERN SUR SEICHE, (35, BRETAÑA), FRANCIA/WIKIMEDIA COMMONS

Hoy, sin embargo, el dinero en efectivo parece en gran medida anacrónico para muchos. El manejo literal del dinero físico se ha vuelto cada vez más raro ya que nuestros teléfonos inteligentes nos permiten realizar pagos fácilmente. La forma en que las personas de países ricos como Estados Unidos y Suecia, y los residentes de países más pobres como India y Kenia, pagan sus propias compras básicas ha cambiado en tan solo unos pocos años. Este cambio puede parecer un impulsor potencial de la desigualdad: si el dinero en efectivo desaparece, se imagina, podría privar de sus derechos a los ancianos, los pobres y otras personas tecnológicamente desfavorecidas. En la práctica, sin embargo, los teléfonos móviles están casi a plena capacidad en muchos países. Y el dinero digital, si se implementa correctamente, podría ser una fuerza importante de inclusión financiera para los hogares con poco acceso a los sistemas bancarios formales.

El efectivo todavía tiene algo de vida. Durante la pandemia de Covid, la demanda de efectivo aumentó en las principales economías, incluido EE. UU., aunque los pagos sin contacto se volvieron más comunes, presumiblemente porque la gente lo vio como una forma segura de ahorrar. Muchos estados de EE. UU. han promulgado leyes para garantizar que se acepte efectivo como forma de pago, lo que protegería a las personas que no pueden o no quieren pagar de otra forma. Pero los consumidores, las empresas y los gobiernos en general han recibido con agrado el paso a las formas de pago digitales, especialmente porque las nuevas tecnologías las han vuelto más baratas y convenientes.

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