Me encontré con un nuevo estudio que sugiere que las personas en un estado de conciencia mínima pueden aprender una forma rudimentaria del habla, o al menos un conjunto de sílabas previamente desconocidas. Sonaba intrigante, así que llamé a John Whyte, quien ha pasado gran parte de su carrera estudiando los trastornos de la conciencia. Whyte es la persona perfecta para hablar de cosas como esta y tiene muchas ideas y anécdotas alucinantes.

Justo al comienzo de nuestra conversación, me dijo que los cerebros de las personas mínimamente conscientes se comportan de muchas maneras similares a las de las personas conscientes, a pesar de su incapacidad para comunicarse constantemente o ser conscientes de su entorno. También me contó sobre algunos intentos fascinantes y desgarradores de hacer que las personas recuperen la conciencia en este estado. Volveré a eso en un momento.

Este tipo de investigación es realmente difícil en personas con conciencia mínima o en un estado de vigilia que no responde, antes conocido como estado vegetativo. Ambos son diferentes a estar en coma. Las personas con conciencia mínima muestran destellos poco confiables y pueden comunicarse, pero de manera inconsistente. Pero las personas en un estado de vigilia que no responde no pueden comunicarse en absoluto.

Las personas en ambos estados experimentan períodos de sueño y vigilia, mientras que las que están en coma no muestran signos de estar despiertas.

Cerebros asombrosos

En este estudio que vi, Nai Ding de la Universidad de Zhejiang en Hangzhou, China, usó una gorra hecha de electrodos para registrar la actividad cerebral en personas en un estado de conciencia mínima. Cuando su equipo reprodujo palabras familiares, los cerebros de los participantes mostraron ondas de actividad para palabras completas, así como para sus sílabas individuales, lo que sugiere que reconocieron cada palabra.

Pero cuando el equipo jugó palabras nuevas e inventadas, los patrones de actividad sugirieron que solo estaban procesando las palabras como una sola sílaba.

Para «enseñar» las palabras a los participantes, Ding y sus colegas tocaron las nuevas palabras una y otra vez, miles de veces. Al final del experimento, los participantes mostraron ondas de actividad cerebral para las palabras completas, al igual que las palabras reales familiares. Esto indica que habían aprendido las nuevas palabras.

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